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28 may 2013

La comunidad de Don jaca en crisis por disminución de peces / reconoce tu ciudad





Por: Ingrid Alvarado
VIII Semestre
Tw:@Ingalmtz

Hacer un recorrido por la playa de Don Jaca, es encontrarse con gran variedad de tamaños de esquirlas de carbón. Desde minúscula arenilla hasta muchas del volumen de un puño cerrado. Su color negro sobresale incluso a lo lejos sobre la arena. Los árboles ya han perdido su verde original, ahora no son sino vegetación grisácea, como si un pintor depresivo le pusiera carboncillo a una colorida obra de arte sólo para restar su belleza.

Wilfrido Díaz López, orgulloso pescador y representante legal de la Cooperativa local encargada del grupo de pescadores del caserío de Don Jaca, asegura que desde que la multinacional carbonífera Prodeco maneja su infraestructura ferroviaria, justo a un metro de la puerta de su casa, la situación cambió drásticamente para todos.

En esta pequeña población, reconocida por ser orgullosamente tierra de pescadores desde hace más de 120 años, conviven unos 400 habitantes aproximadamente. Además de los puertos que se ubican cerca, el tren pasa con sus 110 vagones como una muralla en movimiento 14 veces diarias, desde hace 10 años.

Es el hecho de no poder pescar lo que los perturba. Solía haber en la Cooperativa 120 pescadores, hoy solo se reduce a escasos 25 y cada día esta cifra se arrastra con menos personal, debido a que para poder encontrar peces, es necesario traspasar la barrera de buques que están a la espera de ser cargados e ir mucho más allá.

Para eso es necesario contar con las embarcaciones aptas, es decir, que tengan motor. Pero en esta humilde comunidad solo hay viejas barcas de madera que no logran esas hazañas. La alcaldía les prestó una que está en muy buen estado con la condición de poder llevársela cuando esta lo considere necesario.“Los que se atreven a probar su suerte, son por lo general quienes afrontan mayor necesidad económica y no saben ni una letra”, afirma Wilfrido.

En incontables ocasiones se han visto obligados a regresar por la ruptura inesperada e irreparable del trasmallo. Esta situación se da a causa del desprendimiento de alguna de las llantas que rodean a los remolcadores. La llanta pasa a ser parte del mar, y ahí es cuando cuenta con altas probabilidades de enredarse con la herramienta indispensable del pescador: su trasmallo.


Una situación muy peculiar le pasó al también pescador Jaime López, éste había invertido en un equipo de pesca que le costó 4 millones de pesos y con tan solo 2 meses de uso fue víctima del rompimiento de la red.

Al sacar el equipo hasta la playa y hacer el reclamo respectivo a Drummond, algunos encargados de la empresa lo convencieron de que tenía remedio y que fuera tranquilo a radicar la denuncia.
Cuando volvió por el resto de su equipo, de éste ya no quedaba ni el mínimo rastro. Entonces ya nadie le dio respuesta. “Denunció el caso ante la Procuraduría, la Defensoría del Pueblo y la Capitanía de Puerto. Hasta la fecha nadie ha respondido por los daños causados”.

Sobre toda la extensión de la playa, se pueden observar encalladas sobre la arena, las corroídas embarcaciones de madera, acompañadas por las numerosas redes. Que a juzgar por su aspecto: mallas oscuras con gran cantidad de hojas amarillas enredadas. 

Cualquiera que las vea se puede llegar a imaginar fácilmente su larga abstinencia de pesca.“Somos unos avatar” Sobre una mecedora que se bambolea debido al gran peso de Wilfrido. Él desayuna pacientemente, sosteniendo el plato con la mano derecha. Esa misma que por la detonación de un explosivo, ahora solo le queda el dedo meñique. Con una voz suave, sin muestras de odio ni rencor.

Él sostiene que nunca se han opuesto a que se exporte carbón, sólo le pide a Dios que se tenga respeto por sus vidas, su cultura y su tradición.Sonríe y menciona la única película que le ha quitado el aliento. “¿Ya viste “Avatár”?, es buena ¿no?”. Comenta que así como en la película, les quieren robar y despojar de su tesoro. “Somos unos avatar”, concluye con la cabeza gacha.

Casa Celta: una historia detrás de las construcciones antiguas



Por: Steffi Hernández (@SteffiPapaleo) y Pía Sierra (@SierraPia)
V semestre


Gwendolyne Lepalec es una de esas tantas extranjeras que han llegado a Santa Marta atraída por la fama de sus playas y la magia de las las místicas culturas indígenas de la Sierra Nevada.

Lepalec representa uno de esos visitantes que se han quedado enamorados de los encantos naturales de la Bahía más linda de América, al punto de dejar todo lo que tienen en su país para emprender un nuevo sueño y quedarse aquí.

Sus ojos de azul intenso brillan cuando recuerda con emoción, en su pronunciado acento francés, el proyecto que hoy ocupa sus días y fuerzas: la recuperación de una de las emblemáticas casonas antiguas del centro histórico de Santa Marta. Pero Gwendolyne pensó en que una casa tan espaciosa no sería suficiente para disfrutar de su vida en esta ciudad.

 -“¿Por qué decidió colocar un hostal?” – y en un español casi sin entender respondió: -Debo mostrar al mundo el paraíso que se esconde en Santa Marta, La Ciudad Perdida, el Parque Tayrona, la Sierra Nevada, Taganga y sus variadas y hermosas playas.

El Callejón del Correo, en el centro histórico, quizá sea la mejor muestra de cómo poco a poco se han ido reconstruyendo antiguas casonas de estilos colonial y republicano que siglos atrás habían sido construidas por los españoles que colonizaron la ciudad en el Siglo XV, casas que fueron testigos de tertulias literarias, bailes con vestidos largos y guantes, todo el esplendor la colonia española, y que habían quedado sumidas en el olvido, perdiéndose una parte de la memoria histórica de la ciudad.


Volviendo a la mujer un poco ya entrada en años, delgada y de apariencia descomplicada, recuerda que el año pasado decidió llegar a Santa Marta, y dejar en París a sus amigos y familiares, historia que cuenta con un desenvuelto español, aunque como ella misma afirma “todavía me hace falta mucho”, seguido a un error lingüístico del que se percata e inmediatamente corrige con prontitud, haciéndolo casi imperceptible.

Casa Celta es esa obra de la que está orgullosa de vivir y negociar con ella, una construcción que no pasa desapercibida por su fachada en colores verde claro y rosado, con un número 6-94, al lado de la Funeraria San Miguel. 

La casa en la que esta parisina vive hoy en día, dista mucho de los ambientes de “la ciudad del amor”. Antiguamente perteneció a una familia bogotana, que por motivos económicos la dejó en sus manos delgadas y un tanto pecosas, manos que convirtieron de este, un hostal que Gwendolyne está orgullosa de mostrar.

En un corto pero profundo paseo dentro de la casa, se puede encantar la mirada con adornos que sin duda son representativos de diferentes culturas. Una casa que se podría decir que le da la vuelta al mundo con su decoración, sus muebles, sus cuadros indios, ángeles colgantes y estatuas de elefantes, son algunos de los detalles que se pueden apreciar en Casa Celta.

La mujer sentada de piernas cruzadas, con un aire coqueto, una sonrisa contagiosa y un cigarro en la mano, hablaba de Santa Marta, de los subsidios que el gobierno debería otorgar a aquellas personas dueñas de casonas, que son una de las principales y más representativas imágenes de las memorias de la ciudad, y que no pueden reconstruir o remodelar.

En Casa Celta se esconde una parisina, graduada de la Universidad de París, e historiadora de arte, pero también se esconde su casa-hostal. Ya en la despedida Casa Celta cierra la puerta a sus visitantes, sabiendo que por delante de sus ventanas, vitrales y paredes de otros tiempos, se respiran los aires de otros mundos.

27 may 2013

Iglesia San Juan Bautista, un monumento sagrado


Por: 
Dagoberto Mata
VIII semestre
Tw: @Dagoberto_Mata

Más de 250 años de historia se esconden en medio de las paredes de este templo de Ciénaga, Magdalena.


Allí, en la cima de la torre del reloj de la iglesia San Juan Bautista, una cruz de hierro retorcida por un cañonazo disparado por las tropas, da fe de las grandes batallas que tocaron a los habitantes de Ciénaga en siglos anteriores, cuando desde el campanario, los soldados disparaban para defenderse en ese lugar.

Gismaldi Acosta, profesor de Ciencias Sociales e historiador señala que Los Agustinos llegaron en los años 40, aproximadamente, hicieron las dos cúpulas de la iglesia y otras reestructuraciones que actualmente están.

En el campanario las paredes están selladas, pero, desde allá los soldados tenían como una trinchera y disparaban, eso me contaban historiadores que ya han muerto- dice Acosta señalando hacia el lugar que fue testigo fiel de lo que allí pasó.

Se empezó a construir en 1775 con el nombre de la parroquia del pueblo de Ciénaga, pero son pocos feligreses que conocen lo que se vivió allí; tal vez, uno de esos enigmas son los fusilamientos que se pudieron presentar en la parte de atrás donde hoy día funciona la casa cural. –Amigos historiadores me decían que ‘cuando La Masacre de las Bananeras, aquí donde quedaba el altar fusilaron a muchas personas’- afirma Gismaldi Acosta mientras recorre el lugar.

Según Acosta, el Ministerio de Cultura realizó estudios a las estructuras de la iglesia en los años noventa, y en ellos los investigadores encontraron que en las remodelaciones que le habían hecho a la parroquia, se han dejado frescos debajo de los retoques de pintura, sin importar lo que estos representarían para la historia.

Para Leonardo Cabana, feligrés de la iglesia San Juan Bautista, la inclusión de Ciénaga como pueblo patrimonio, se la atribuye a su Centro Histórico, pero en especial a la iglesia, iglesia a la cual asiste tres veces a la semana –La estructura, arquitectura, antigüedad y a su estilo republicano. Ella conserva mucha historia por todo lo que aquí ha pasado- afirma Cabana, de 55 años.

Muchos cienagueros amantes a la historia, lanzan un SOS a las autoridades municipales por el deterioro que presentan algunos de los monumentos que los hacen representativos, pero también piden que en una de esas casas que son patrimonio cultural, sea construida como casa museo para seguir conservando toda esa memoria histórica que se puede reconstruir en esta ciudad magdalenense que fue un asentamiento de grandes batallas.